14/04/12

13. Il bacio

La miro y el ocaso de la tarde me trae la orilla sedosa de sus labios en ensoñación perfecta. En esas horas descabezo la idea de entregarme a ella.
El pulgar recoge su sabor a fresas silvestres y mis ojos desquician el deseo.
Lee mis pensamientos, me lo dice su boca entreabierta y esa sutil provocación esmeralda que me atiende…


(del diario personal del dr. Sverennson)



No sé a qué vino.
Pero aquel beso tuyo, camino del cielo, me baña aún hoy en una dulce sensación de euforia.
Cohibido, no habías sido capaz de dar rienda suelta a tus deseos. No podía ser que todavía te impusiera tanto. O quizá sólo fuera el miedo a perder lo que uno es incapaz de dejar atrás.

El arrebato de unos labios apasionados.
Instante fugaz en el que se rememora con fruición toda una vida de intimidades sensuales, incendiarias.
Slow motion que cautiva por lo concentrado del espacio-tiempo.
Y que, para cuando abres los ojos y enfocas los ciegos que también nacen con tu luz, el pulso de la realidad hiere más de lo estrictamente necesario.

Beso que tiembla en la punta de mis dedos cada vez que acaricio la forma impresa de su fuego.



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25/02/12

12. À la fenêtre

Pasa de largo.
Y, embelesado, su larga melena, los narcisos agitados del vestido y ese caminar evocador de paisajes de ensueño, me hacen volar preso al desorden de mi consciencia.
Le sienta bien el cambio de estación. Pájaro de tafetán próximo a la felicidad…


(del diario personal del dr. Sverennson)


La distancia empequeñece mi huella sobre la acera, desvanece el perfume francés que tus yemas repartieron, generosas, sobre la flor de mis senos. Por ella también se disipan tus miradas, leales al hechizo de una cola de faisán en el apacible mundo de las once y media.

Arrepentirse no ha lugar. Lo hecho a dúo asemeja el cortejo que tus recuerdos y los míos bailan sofocados en la penumbra de un trago casi apurado.
Remordidos por malas acciones ejecutadas al alba de este día.

No deserto, no vuelo. Si no es contigo el cielo pierde su gracia.
Pero codíciame, que la vanidad de mi ausencia ciegue tu memoria.
Encélate de mí, propón un futuro en el murmullo de mi boca sobre tu reluciente glande.

Me alejo, crece la tentación.
Me voy, tu silencio crepita la idea peligrosa de no dejarme marchar.


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06/01/12

11. Reclining nude

Rasgada mujer. En su porte, en sus ojos, en su sexo. Concubina favorita en la corte de unos brazos marcados por la fiereza de los espíritus… Recreo su ilusión tratando en vano de hacerla mía...
Ella espera al samurai; no puedo en justicia oponerme a ello.


(del diario personal del dr. Sverennson)



Eres una fina línea vertical ante el ventanal abierto al sol de enero. Negra y deslumbrante a la vez.
Yo soy una ligerísima insinuación blanca, casi irreal, recortada sobre el fondo caoba del dormitorio.
Mortecino jardín de las delicias, tu cuerpo y el mío. Lúgubre y decadente decorado para nuestro encuentro parisino.
Y esa línea que eres tú mismo se aleja, se consume, hasta alcanzar la puerta del adiós.


Regresa el dolor. ¿Ya se te olvidó?
Llévate la porcelana contigo, mis dos pozos negros y esta escuálida punta de flecha.
No valen nada sin el crepitar de tu ambición.

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15/12/11

10.Brigida Spinola

Mientras estuvo en Genova, Rubens pintó el retrato de Brigida como la mejor estrategia para buscarle un marido. Pero lo cierto es que madame Spinola ya llevaba un año entre los drapeados cortesanos de villa Doria, embelleciendo los rasgos ampulosos de su esposo Giacomo Massimiliano…


(del diario personal del dr. Sverennson)




La luz es la clave de todo.
Sin ella sólo somos puntos de fuga; y tomada en exceso, provoca ceguera.
Aquella noche, la dispersión física de los átomos reveló tus formas hacia el segundo martini.
Ni despistado ni encontradizo. Pero tampoco interesado en exceso. Aún sigo sin saber quién de los dos tenía más miedo: si yo por aparentar lo que no era, o tú por mostrarte más distante de la cuenta.

Después reincidimos, ¿por qué no?, estaba todo pactado.
Pero hubo algo de aquella primera cita que guardo como un tesoro, y que no te he contado nunca.
Nos escapamos de Schönbrunn y vagamos por la ciudad, vestidos de etiqueta y, a ratos, con mis zapatos en tus bolsillos. Al llegar a la ópera, nos quedamos atrapados entre dos tranvías y me atrajiste hacia ti para que no volara tras su estela, en ese instante supe algo con certeza.
Lo mismo que veo a diario en la sonrisa sincera y contagiosa de tus ojos.

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27/11/11

09. Through the snow

Camino de Ferrara, a la derecha el sol de la tarde; a la izquierda, la luna casi por estrenar.
Da una tranquilidad especial estar aquí, en este tren ultraligero. Todo el mundo habla italiano, incluida la margarita de Dumas. Del rosa de sus camelias es el carmín escogido esta vez, para sonreírme cada vez que pierdo a las damas.
Entre el sol y la luna, la vía férrea lista hacia el sur, hacia Boloña…

(del diario personal del dr. Sverennson)




Contemplo la nieve y, de nuevo, centellea de oro blanco.
Aquí y allá despuntan negras lanzas. Un bosque descomunal se yergue a ambos lados de la línea.
Por encima, el día se mantiene obstinado en un gris perla.
Hace frío.


Una franja blanca, como de encefalograma plano, parte tus ojos.
El paisaje se impresiona en esas dos ventanas negras y por más que me asomo sólo distingo velocidad.
Permanecemos en el pasillo caoba sosteniendo, entre tu mano izquierda y mi diestra, el lento pero irreversible teorema del amor, desviados ligeramente del eje frontal por alguna insinuante razón.
Te miro, y mis ojos son el espejo donde acicalas el alma.

Repelidos hacia el compartimento de primera, caes sobre mí, broto en tu abrazo, encandilas suspiros, desenfreno en tu simiente.
Solos en el interior de esta bala se concentra el fuego eterno.

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