(del diario personal del dr. Sverennson)
La ciudad ha sido tomada al asalto, las calles principales quedaron arrasadas. Con todo barrido, tomo posesión del rincón y se me antoja disfrutar del silencio que deja tras de sí un ejército de conquistadores.
La plaza embasada al vacío entre estas cuatro paredes tiroteadas sin piedad alguna, se llena de un fulgor extraño.
Una bandada de palomas revolotea en torno pasando de largo y removiendo la tenue pesadez de millones de pisadas bárbaras.
Sé que no pertenezco al bando de los ganadores, la suya no es mi guerra, pero estoy aquí y aguardo mi entrada, el pie que me permita dejar de ser actriz de reparto y conmover al respetable.
Tu recuerdo se materializa entonces como una salvación. Y todo se me hace menos etéreo y más reconocible.
Cuando paseo por este lado del mundo sé que un día te sorprenderé al doblar una esquina o pidiéndome fuego en la cola del reparto. Y cobra sentido mi deambular errático; todo sea abanicar mis pestañas para hacerte realidad.
