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10/6/12

14. Femme en rouge

Durante mucho tiempo asocié el piano a tenerla cerca, a su pegadiza fragancia.
Me vendaba los ojos, en ocasiones con sus manos, y entre los finos dedos yo destilaba mis emociones aporreando las teclas como un bálsamo. […] Aprendió a tocar sin yo darme cuenta…

(del diario personal del dr. Sverennson)


En el fluctuante reflejo de un piano se entremezclan variaciones de un mismo sentimiento.
Y en el terror de una sacudida de violín se alerta tu instinto de asesino.
Mis dedos se difuminan en el contraste de blancas y negras mientras el pulso agitado de la orquesta me dice que no estás lejos.
Los días de lluvia tiendo a imaginarte corriendo como el agua hasta salvarte y entreveo tu llegada por entre los cristales empañados de frío.

Invento música.

El goteo persiste, no me cura esta ansiedad crónica.
Será que no me fío de tus augurios. Que si no me visto de violonchelo y rasgo la razón no sé ahuyentar lo que me inquieta.
No todas las bandas sonoras te pierden o te traen hasta mí.
Pero no dejo de componerte allegrettos apasionados.

Arrecia el aguacero, se oscurece el mar.
Empapado, las manos dentro del gabán, escondido tras la espesura líquida, no dejas de mirarme.
Tu espectro renace en la luz de mis ojos.
Y mientras la lluvia sigue traduciendo corcheas, mi voz corea tu nombre.


 
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12/9/11

05. Cléo de Mérode

Cleó, al bailar, se sabe observada y ejerce un poder de seducción que muchos querrían imitar. Yo me conformaría con prendar a mi experimento de su magnetismo, el mismo que Boldini o Klimt pusieron de manifiesto a finales de siglo.


(del diario personal del dr. Sverennson)



Vas a conseguir ruborizarme.
¡En serio!
Antes no querías ni oír hablar de mi rouge à lèvres, decías no se qué de hacernos mucho daño. Y ahora insistes en provocarme…

Revoloteas entre mis ojos y mis labios, indistintamente y sin descanso, como un insecto nervioso, como un amante que no decide dónde hincar primero el diente.
Coqueteo, me resulta más fácil así aceptar tus envites.
Y aunque nada será inmediato, citaremos al futuro próximo en la trastienda del artista.
Bailaré para ti, insinuaré mis intenciones no muy alejadas de las tuyas y te ofreceré un pas de deux tomando con tus piernas la picardía de mis muslos.
¡Qué placer extenuante desinhibirme ante ti!


[Cuando me tengas a tu merced y me desvanezca como el terrón de azúcar en el té, no olvides sobrehilar la pasión a mi envoltura.]

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