Y, embelesado, su larga melena, los narcisos agitados del vestido y ese caminar evocador de paisajes de ensueño, me hacen volar preso al desorden de mi consciencia.
Le sienta bien el cambio de estación. Pájaro de tafetán próximo a la felicidad…
(del diario personal del dr. Sverennson)
La distancia empequeñece mi huella sobre la acera, desvanece el perfume francés que tus yemas repartieron, generosas, sobre la flor de mis senos. Por ella también se disipan tus miradas, leales al hechizo de una cola de faisán en el apacible mundo de las once y media.
Arrepentirse no ha lugar. Lo hecho a dúo asemeja el cortejo que tus recuerdos y los míos bailan sofocados en la penumbra de un trago casi apurado.
Remordidos por malas acciones ejecutadas al alba de este día.
No deserto, no vuelo. Si no es contigo el cielo pierde su gracia.
Pero codíciame, que la vanidad de mi ausencia ciegue tu memoria.
Encélate de mí, propón un futuro en el murmullo de mi boca sobre tu reluciente glande.
Me alejo, crece la tentación.
Me voy, tu silencio crepita la idea peligrosa de no dejarme marchar.
