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2/11/11

08. Lettrice

Faruffini fue perdiendo poco a poco la razón entre Milán, Paris, Roma y Pavia. Liquidó su estudio para dedicarse a la fotografía y llegó incluso a casarse un año antes de darse por vencido y matarse. Pero su cabeza ya no estaba tranquila.
[…] Hallé a su Clara en Milán, y lo que me dio la idea fue el humo de su pitillo: mi mujer también leería, con sus bellos ojos entornados; también recogería su cabello en un moño bajo… concentrada siempre en la delicada textura de un libro…


(del diario personal del dr. Sverennson)



Leo…

“Me tiendo a su lado, al lado de su cuerpo cerrado. Reconozco su olor. La acaricio sin mirarla.
- ¡Oh, me haces daño!
Sigo. Al tocarla reconozco las ondulaciones de un cuerpo de mujer. Dibujo flores encima. Ya no se queja. Ya no se mueve, sin duda recuerda que se halla aquí con el amante de…” (1)


Leo.
Y me viene tu olor, evocado al final de las horas, cobijado secretamente en un infinitesimal alboroto.
Y en ese olor bravío tu montura entre mis glúteos, congelado en un presente absoluto.
El cuento de hoy guardaba cristales de sal y torsos imbricados, mágicas estelas en el dorado porvenir de un orgasmo ahogado en tu boca.

Leo.
Y huelo tu pelo, la dulzura de tus manos, el sudor que enmascara tus tatuajes.
Y suspiro, y en ese aire melancólico se escapan también volutas de ti.
Cierro el libro y el levante volcado entre sus hojas me trae tu silueta, varada sobre las sábanas, rompiendo mi mar.

Safe Creative #1111010421767



(1) Fragmento de: El arrebato de Lol V. Stein (Marguerite Duras)