Hay un poema de
Kavafis que empieza así:
Han satisfecho su placer
prohibido. Y del lecho se levantan,
vistiéndose apresuradamente sin hablarse.*
El fuego de la pasión
se ha extinguido, las brasas consumieron sus cuerpos. Y sin chispa ya, ¿qué les
queda? El odio por no saber quedarse…
(del diario personal
del dr. Sverennson)
Rojo intermitente, lima parpadeante, la muñeca de neón se
vuelve a desnudar.
1087 veces desde que subimos a follar.
La mitad desde que duermes.
Al principio perdía la ropa con la música del local del
Turco, pero el jazzman se cansó de tocar para nadie.
También nosotros fingimos seguir el compás del saxofón pero
hoy era más bien un estorbo, quizá la calima pegajosa del puerto tenga algo que
ver o sólo sea que lo primordial eran nuestras respiraciones puestas al límite,
como peces boqueando fuera del agua, y ardiendo en el abrazo copulativo de
nuestras sacudidas salvajes.
Ahora me doy cuenta que nada se quemó, que somos
incombustibles. Que la muñeca de neón apagó su interminable desnudo. Que en
cuanto descubras el engaño de los sentidos, querrás irte.
¿No parecía inacabable el momento de tenernos? ¿Cómo así terminó?
Dejaremos el burdel como presas furtivas, sin una despedida,
camuflados en las nubes de vapor que brotan del subsuelo. Hasta que, de nuevo,
el sol se pierda dentro del mar, daremos cuerda a la farsa de las horas…
Caminamos inquietos. Con tu mano sobre mi cadera, garra que
no apresa ni suelta.
Tu corazón late fuerte. ¿Es el miedo o soy yo?
………………
* El origen, de
Konstantino Kavafis (1921)
Han satisfecho su placer
prohibido. Y del lecho se levantan,
vistiéndose apresuradamente sin hablarse.
Abandonan por separado, furtivamente la casa; y mientras
caminan algo inquietos por las calles, parece
como si sospecharan que algo en ellos traiciona
en qué clase de lecho cayeron hace poco.
Pero cuánto ha ganado la vida del artista.
Mañana, otro día, años después escritos serán
los versos vigorosos que aquí tuvieron su principio.
