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6/1/15

23. Athenais



Algunos hombres la hacen parecer una cualquiera. Tienen una forma de mirar (de mirarla) que indica desprecio y, a la vez, ansiedad, deseo, y todo a partes iguales. Reclaman entonces sobre ella el poder de poseer (de poseerla), como si su naturaleza no pudiera negarse a ser utilizada. Es en esas circunstancias cuando más aborrezco lo que he hecho…

(del diario personal del dr. Sverennson)



En esta isla panorama de ensueño, entre piedras curtidas por el sol, me exhibo, a la espera de tu rescate salvador. Y aunque acometo el tiempo que me separa de ti cual estatua helénica, el hecho de tenerlo todo en su sitio, es decir, de que no falte ninguna de mis extremidades o de que quizá mi linda cabeza no repose en el suelo lejos del talle, me convierte en la comidilla de semejante lugar.
La exhuberancia que tus manos tan bien conocen por moldeadoras de infinitos deleites, se transpira en la ligera brisa que mece la mañana. He dejado de contornear el deseo entre los presentes y apostada así, espío a plena luz el veneno que destilan sus lenguas, el vicio enfermizo que sus rostros reflejan sin pudor.

Así que abanico los segundos. El impío de mi escote transparenta la carne turgente de los senos. La melena azabache revolotea configurándome en seductora medusa. ¡Cuán divertido sería dejar secos a los mirones que se han visto atraídos malsanamente hacia mí!
Disfruto, no lo niego. Bajo esta inocente apariencia, siento un placer perverso en esto de ser intocable. Como la mercancía de anticuario que luce triunfal su cartelito de vendida ante los compradores.

Tu fuego de dueño y señor me ha hecho arrogante, distante, cruel. Y en este escaparate, me complace ser así.