(del diario personal del dr. Sverennson)
La luz es la clave de todo.
Sin ella sólo somos puntos de fuga; y tomada en exceso, provoca ceguera.
Aquella noche, la dispersión física de los átomos reveló tus formas hacia el segundo martini.
Ni despistado ni encontradizo. Pero tampoco interesado en exceso. Aún sigo sin saber quién de los dos tenía más miedo: si yo por aparentar lo que no era, o tú por mostrarte más distante de la cuenta.
Después reincidimos, ¿por qué no?, estaba todo pactado.
Pero hubo algo de aquella primera cita que guardo como un tesoro, y que no te he contado nunca.
Nos escapamos de Schönbrunn y vagamos por la ciudad, vestidos de etiqueta y, a ratos, con mis zapatos en tus bolsillos. Al llegar a la ópera, nos quedamos atrapados entre dos tranvías y me atrajiste hacia ti para que no volara tras su estela, en ese instante supe algo con certeza.
Lo mismo que veo a diario en la sonrisa sincera y contagiosa de tus ojos.
Me gusta Rubens, gracias por compartir.
ResponderEliminar¡felices fiestas!
Basta una pequeña chispa para encender el fuego... y alumbrar al corazón.
ResponderEliminarUna mirada en un millón, un tacto diferente entre millones, un gesto de ternura para toda una vida.
ResponderEliminarBesos.
Deja que la Navidad entre en tu corazón y dure todo el año…
ResponderEliminar¡FELIZ NAVIDAD!
Dulces besos desde mis Amanteceres
Cuando vi este cuadro de Rubens algo estalló dentro de mí, quizás fuera la chispa que menciona Manolo. Era yo misma, con el vestido de fiesta y las alhajas, en aquella puesta de largo, dispuesta para la ternura de alguien que todavía debía revelar sus formas y sus secretos.
ResponderEliminarY todo se hizo realidad, su mirada y su tacto.
Gracias por acompañarme, por guiar este deambular entre cuadro y cuadro.
Os deseo lo mejor, siempre.